El inicio del torneo de maestros
Por: Dr Contex
Aun con los parpados cerrados las visiones
continuaban.
Los extraños sueños de Khai empezaban a tomar
cada día más fuerza; traspasando sus noches y obligándola a permanecer más
tiempo en el misterioso mundo de su subconsciente.
El automóvil en el que viajaba se movía apresuradamente entre las calles de la Nación del Fuego, acercándola rápidamente al recién inaugurado
Coliseo de maestros. Khai, en el asiento trasero, terminaba de acomodar su ropa
mientras que el conductor empezaba y finalizaba conversaciones que ella rechazaba;
en ese momento lo único que quería era estar dentro del coliseo y no perderse
un solo momento del espectáculo inicial ni mucho menos, las batallas de
apertura del torneo.
Esa mañana pensó despertar temprano, tomar el
primer tranvía y ser la primera en llegar al coliseo. Pero no pudo, por más que
lo quiso ni por más que lucho por ello.
Al parecer, su estancia en la Nación del Fuego aumentaba la fuerza y
frecuencia de las visiones que, entre aullidos de lobos, suspiros eternos y agua control provocada por sombríos hombres,
se apoderaban de sus noches, obligándola a continuar dormida, aun a costa del
preciado tiempo necesario, el que tanto le faltaba ahora.
Los primeros estruendos de pólvora llenaron el
despejado cielo de la Nación del Fuego. Los salientes gritos de euforia del
coliseo no se hicieron esperar: el torneo iniciaba y Khai apenas podía divisar
las altísimas columnas del coliseo que apuntaban al cielo simbolizando a cada
uno de los anteriores avatares que, en su momento, habían devuelto la
tranquilidad al mundo; cada legendario nombre tallado en las imponentes
columnas. Pero poco o nada le importaba esa significación a Khai, estaba muy
retrasada y eso era lo único que importaba, el torneo, Garkha… Garkha. Khai
miró por la ventanilla, calculó la lejanía del coliseo, la rapidez del auto, el
tiempo que ahora le sobraba a su reloj y se angustio aún más.
– ¡¿Señor no puede ir más rápido?! –Entre grito, ruego y reclamo le pregunto la
retrasada chica al conductor.
Khai no recibió respuesta alguna. Con el mal
gesto que divisó a través del espejo retrovisor, sintió cada palabra de vuelta
en su rostro. Iracundo, el conductor se silenció y Khai no se atrevió a
preguntar absolutamente nada hasta que la modernísima arquitectura del coliseo
ocupo la mitad de su cielo y el auto con sus puertas abiertas le permitió salir
corriendo hasta las taquillas. Se apresuró aún más al bajar del auto. Cientos
de personas se agolpaban a la entrada, exigiendo algo ahora imposible: entrar
al espectáculo. El torneo de maestros, desde su creación con el fin de hallar
entre los participantes a la esperada reencarnación de la avatar Korra, se
convirtió en el espectáculo más popular de todas las naciones, la mayor muestra
de los elementos control reunida en el más grande torneo conocido: El torneo
maestros, que en ese año se realizaría en la Nación del Fuego. La venta de
boletas no había sido más que un suspiro.
La multitud indecisa e indignada contrastaba
con la gran euforia vivida por los afortunados asistentes a la inauguración del
maravillosísimo torneo. Ciertamente a Khai, al igual que a los cientos de
hombres y mujeres que le estorbaban la entrada al coliseo, le hubiese resultado imposible acceder a una
de las preciadas entradas de no ser por Garkha, que como participante le
correspondían algunas entradas, una de las cuales reposaba tranquila en el
interior de su bolso. Khai atravesó ágilmente la multitud, forzando y empujando
en los momentos que fue necesario. Llego hasta las rejas que separaba a la
multitud de las taquillas y aseguraba la eficaz entrada y salida de los
afortunados con boletas. Se acercó a uno de los guardias, el cual hizo oídos
sordos a lo que ella decía y se limitó a hacer una petición general de cordura.
Khai no supo que hacer, ella no era más que una gota de agua en ese tsunami de
personas, muchas de las cuales intentaban convencer a los guardias con
argumentos semejantes al que ella pensaba plantear. Empezó a ser víctima de
empujones y de su propia desesperación cuando, repentinamente, la multitud energizo sus reclamos al rememorar el secreto
a voces de que la mayor parte de las boletas del torneo le fue, anticipadamente,
otorgada a personalidades influyentes de las cuatro naciones, dejando al
descubierto, cada vez más, que la corrupción empezaba a tomarse el comité
organizador del torneo de maestros.
Un grito más, entre los tantos que enloquecían
los oídos, puso en mayor alerta a los guardias. Khai lanzo miradas en múltiples
direcciones, queriendo comprender mejor el tan irreconocible ambiente que la
rodeaba, absolutamente diferente a su lejana aldea en el polo norte. Un frió glacial le recorrió la espalda, semejante a cualquier mañana en su lejano
hogar, pero igual de extraño al frió que precedía a sus visiones nocturnas.
Nerviosa quiso constatar, si esa realidad tan cierta y la resentida multitud,
no era más que un sueño. Tras algunos segundos supo, inequívocamente, que no
estaba dormida.
– ¡HACIA ALLA! ¡ARRIVA! ¡ARRIVA!
Khai, tras identificar que quien había hecho
tal grito era el mismo guardia que ahora estaba tirado en el suelo, vio
claramente al par de sujetos causantes de todo el alboroto. Su respiración y
sus latidos se pusieron muy lentos, al punto de escuchar cada uno lenta y claramente;
la multitud se tornó igual a cualquier de los tantos icebergs en los que, de
niña, solía jugar con Garkha; todos
estaban inmóviles, incluida ella. Los dos sujetos que habían alarmado a los
guardias, igual de inmóviles a todos los demás, pasaban junto a las primeras
columnas que conformaban la modernísima arquitectura del coliseo. Pero, esos no
eran dos sujetos comunes ni hacían parte de la agolpada multitud; sus amplios
sombreros de paja, delgados y de anchísima ala que les ocultaba el rostro, y,
sus maltratadas y rasgadas túnicas semejantes a harapos, hicieron que Khai
fácilmente los reconociera como pertenecientes a sus visiones. Ellos eran
quienes, en sus sueños, con agua control
detenían a los lobos que nunca podían acabar de guiarla al lugar que deseaban.
<< ¡SIGANLOS!>> Otro grito le
renovó las fuerzas al mundo para continuar en movimiento. La respiración y
latidos de Khai abruptamente tomaron su ritmo natural y el frio glacial que se
había apoderado de ella se esfumo junto con el par de sujetos que,
efectivamente se dirigían al interior del coliseo. La mitad de los guardias
abandonaron sus lugares correspondientes frente a la multitud y corrieron al
interior del coliseo, intentando alcanzarles por los pasillos que utilizaba el
público para entrar al coliseo; por la altura de las columnas les era imposible
seguirlos entre las mismas.
A los pocos guardias restantes, se les hizo
aún más difícil contener a la multitud,
y Khai cada vez se retrasaba aún
más, así que decidió traer a su mente palabras de su maestro de agua control:
<<no retirarle los ojos de encima a tu adversario y aprovechar cualquier
descuido para neutralizarle>> y tal cual, Khai decidió corresponder al
sabio consejo. Miró al guardia más próximo y en cuanto este se retiró algunos
metros para alejar a un hombre que se mostraba más violento de lo conveniente,
Khai se apoyó fuertemente en la baranda que tenía en frente y trepándola
apresuradamente logró sobrepasarla. En
cuanto estuvo del otro lado de la opresora reja, corrió hacia la entrada más
cercana, improvisando sigilo. Pero al estar llegando, ya creyendo conseguida su
hazaña, un fuerte brazo la sujetó: uno de los guardias nunca la había perdido
de vista.
– ¡Lo siento pero tiene que salir!
– ¡No, espere…!
– ¡Tiene que salir!
Khai apoyo sus pies fijamente en el suelo,
ganando así algo más de fuerza, y de un
tirón se pudo desprender del guardia. Inmediatamente puso sus manos abiertas
como barrera entre ella y el moreno hombre de uniforme.
– ¡Espere, por favor! Tengo un boleto
–A ver…
El guardia miró a Khai con total desconfianza
mientras que ella encontró y saco de su bolso el boleto naranja, que indicaba
el sector que le correspondía y su número de asiento. El uniformado hombre no
tuvo ninguna otra excusa para no dejarla pasar, así que, indicándole los tres pasillos que tenía que
tomar, le permitió, algo mal humorado,
que fuera a disfrutar de lo que quedaba del espectáculo inicial y de las
primeras batallas del torneo.
Cuando ya estuvo en su asiento y se aseguró
que aún no se había librado ninguna batalla, a excepción de un número dentro
del espectáculo que consistía en una batalla con espadas, Khai pudo empezar a
disfrutar lo que a tantos otros se les negó. Al instante quedo absorta por el
espectáculo: un desenfreno total era formado por tierra, agua y fuego control; enormes
llamaradas y chispas que al mínimo contacto causaban severas explosión,
gigantescas rocas que chocaban de un lugar a otro haciendo estremecer todo el
lugar y tornados de agua moviéndose por toda la arena del coliseo. Era
fascinante como todo ese choque entre los elementos era supremamente bien
contenido dentro de la arena del coliseo. Ni una sola gota de agua o partícula
de roca se salía del escenario. No se percibía ninguna coreografía, tan solo se
limitaban los elementos a representar magníficamente un desastre. De repente,
los cuatro tornados de agua que recorrían la arena del coliseo se detuvieron, y enseguida se desplomaron, hasta dejar
inundada toda la arena, mientras las rocas chocantes, las chispas explosivas y
las llamaradas continuaban con su ajetreo desenfrenado. El agua, de nuevo,
recobro movimiento, acumulándose en el centro de la arena, al juntarse toda,
lentamente comenzó a elevarse y a tomar una forma semi humana. Khai pudo
distinguir los brazos y la cabeza, de lo que lentamente se fue transformando en
la legendaria figura de la anterior avatar: la avatar Korra, quien representada
por el tumulto de agua, elevo los brazos y entonces, con un leve movimiento de
brazos, las rocas dejaron de volar de un lado a otro, las chispas
desaparecieron y el fuego se extinguió. La avatar Korra había devuelto el orden
de nuevo; y finalizando el acto, el agua se filtró toda entre la arena del
coliseo, que nuevamente quedaba en absoluta paz y armonizada con los
deslumbrados aplausos.
Un estrepitoso redoble de tambores les robo el
asombro a los espectadores llenándolos de incertidumbre. Khai puso toda su
atención a la arena del coliseo. Sin previo aviso todo se oscureció casi por
completo, y Khai se intrigo aún más; iba contra su naturaleza no hacerlo. Por
un largo rato olvido todo lo demás: las visiones, los sombríos sujetos y sus
sombreros de ala ancha, la multitud
afuera y el obeso hombre que, a tres asientos de distancia, no paraba de mirarla
de arriba abajo. El redoble de tambores
termino y la mitad de los espectadores respiro de nuevo, mientras que los
tambores, que hasta el momento nadie había visto, fueron tocados golpe tras
golpe, muy lentamente. El silencio fue total tras una docena mal contada de
golpes sobre la superficie de los tambores y el aire se llenó de
electricidad con los primeros
movimientos de seis artistas, que con el dominio magistral del fuego control,
crearon y deslumbraron con una complicadísima coreografía poderosos rayos que
iluminaron el interior del coliseo. Las cargas eléctricas iban de un artista a
otro, para los maestros fuego que estaban presentes, el acto era extremadamente
arriesgado y para todos los demás, extremadamente asombroso.
El espectáculo continuo con otro acto no menos
deleitante que el anterior: toda la arena del coliseo cubierta por figuras de
hielo que, cristalinas y perfectas, se avivaban de colores gracias a los
reflectores que les iluminaban desde múltiples direcciones.
Ninguno de los espectadores perdían un solo
detalle del espectáculo, los mismos participantes del tornero seguían cada acto
desde los camerinos. Pero, nadie disfrutaba de la manera como lo hacían las
tres personas, seguramente más
importantes entre los presentes, que seguían el colorido acto desde el mejor
palco del coliseo; un ministro del Reino Tierra, el patriarca de la tribu agua
del norte y en representación de las múltiples aldeas del polo sur, y el sereno
Señor del fuego Sehzuk
como anfitrión. Dos copas burbujeaban en los asientos del ministro del Reino
Tierra y el anfitrión Señor del Fuego, mientras que el patriarca disfrutaba de
un vaso de agua y veía como inicia el mejor acto de todo el espectáculo.
La luz emitida desde los reflectores se
decoloro hasta ser completamente blanca y cumplir con un solo cometido:
iluminar la silueta de un misterioso hombre que tomaba el centro de la
impecable arena del coliseo, ya excepta de hielo y de nuevo en paz.
–Tendrán que disculparme señores. –Dijo Sehzuk
levantándose de su adornado asiento, su tiempo como espectador se había
terminado y ahora tenía que tomar su papel en el escenario. Salió por entre las
cortinas que adornaban el privilegiado palco, pasando al lado del tradicional
asiento vacío que representaba a los ausentes nómadas aire. Los acompañantes
del Señor del Fuego ni se inmutaron con la salida de su anfitrión pues sabían
de antemano que eso sucedería.
EL sutil cantar de clarinetes armonizo el coliseo, perezosamente
aburriendo a los presentes y casi obligándolos a dirigir su atención al hombre
que se tomaba el centro del escenario, el cual no hacia mayor cosa. Khai
recupero de nuevo el control de sí misma, la pobreza que hasta ahora reflejaba
el acto se lo permitió. Miró a lado a lado y entonces, no supo cómo, el obeso
hombre continuaba mirándola, lascivamente, recorriendo todo su cuerpo con la
obscena mirada. Khai se llenó de asco, jamás le había ocurrido nada semejante.
Recompuso la mirada hacia el escenario pero aun nada era digno de prestarle
atención, aun así mantuvo la mirada hacia el frente. La segura sospecha de que,
a la distancia de los mismos tres asientos, esa obscena mirada no dejaba de
recorrerla, la intranquilizaba. Quiso voltear e insultarlo, decirlo lo
asqueroso que es y pedirle que se lanzara de un puente, pero ella no era así,
nunca antes había insultado a nadie y la verdad ignoraba como hacerlo. De nuevo
miró al obeso hombre, no pudo evitar hacerlo. Descaradamente este aun no paraba
de desnudarla con la mirada y entonces, ella lo odio, lo miro con detenimiento,
giro la muñeca dejando la palma de su mano hacia arriba y como acariciando el
aire, rápidamente, expandió su brazo estrellando en la cara del lascivo hombre
el contenido burbujeante de un vaso, que para su desfortuna se encontraba
cerca. Khai de nuevo miro al escenario, segura de que, si en unos momentos ella
se daba cuenta de que el hombre, que ahora odiaba, la seguía mirando, ella no
dudaría en echarle de nuevo encima otro vaso de refresco o el mismo que goteaba
en el suelo.
Felizmente,
se olvidó del asqueroso hombre, de su mirada, del refresco que le había
lanzado encima y de todo lo demás cuando, en el perímetro de la arena, inicio
el estallido de fuegos artificiales; rojo, azul, amarillo, verde, rojo, azul,
amarillo, verde, y de nuevo y de nuevo. Varias rondas de estallidos coloridos,
uno tras otro. Y el sujeto, igual de inmóvil e iluminado. Lentamente los
estallidos cesaron y los clarinetes tocaron de nuevo, Khai no supo deducir en
que momento exacto estos se habían acallado.
Sin
previo aviso, el hombre que hasta ahora no ameritaba pertenecer al espectáculo,
inicio movimientos que para Khai eran muy conocidos. Una gran parte de los
crédulos asistentes dedujeron que el siguiente acto constaba de agua control,
<<Mucha agua para ser la Nación del Fuego>> rieron algunos.
El iluminado hizo algunos movimientos y
entonces con uno más rápido que el anterior, de las canales llenas de agua que
recorrían toda la arena, hizo salir tanta agua como fue posible. Pero, cuando
todos esperaron tornados y figuras de hielo, el iluminado hombre hizo que el
agua se juntara toda y como un tren de vapor, ferozmente el agua recorrio toda
la arena, de un lado a otro sin perder una sola gota. De repente el agua se
detuvo y el iluminado hombre expandió los brazos y el agua se difundió por la
arena, dejándola con hielo por doquier. El iluminado se liberó del hielo que le
había quedado a su alrededor, delimitando un perímetro suficiente para que,
haciendo algunos movimientos fuertes, un golpe contra el aire que daría al
suelo si su brazo fuera más largo, el mismo movimiento pero con el brazo
contrario, el pie izquierdo raspando el suelo, un movimiento brusco y… <<
¡Qué demonios!, ¡Cómo es posible!, simultáneamente
los comentarios crédulos nacían de los espectadores al ver como del suelo
surgían, una tras otra, columnas de roca, ¡El solo!, No es posible. ¿Acaso no
lo viste?, estaba solo, ¡Solo! ¡SOLO!. Por todos los cielos, ¿El avatar…?
>> El iluminado y ahora, supuesto avatar, con más movimientos, igual de
firmes que antes, desplazo sin mayor esfuerzo las columnas de roca hasta que el
público no pudo más de <<
¡Imposible!>> y él había formado un cerco deforme. Los clarinetes continuaron de fondo, las luces
igual de cómplices, y, desde el privilegiado palco, atentos, el ministro y el
Patriarca que no perdían movimiento del
hombre misterioso, iluminado y, ahora, supuesto avatar que, ahora, continuaba con movimientos legendariamente
casi olvidados.
–y… ¿Usted lo cree posible? –Indago el
Patriarca, lleno de canas y casi anciano, sin desviar la mirada del escenario.
–Se refiere a….
–Precisamente.
– Francamente, no.
–Ojala que los del torneo sean iguales de
preparados a estos artistas.
– ¿Francamente?, demasiado artista.
La mente del ministro estaba copada de asuntos
de mayor importancia que pensar en un artista, los tiempos que transcurrían en
el reino de verde bandera no permitían frivolidades como su presencia en la
inauguración del torneo. Estaba seguro
que era de mayor utilidad en el Reino Tierra y aunque hizo lo posible para
evitar asistir, su condición le obligaba a obedecer órdenes.
En cuanto el ministro parpadeo un poco y
decidió que ya estando ahí lo menos que podía hacer era disfrutar del
espectáculo, miró al escenario, el artista se envolvía de corrientes de aire y
los << ¡Imposible!, ¿Qué no lo estás viendo?>> empezaron de nuevo. Un
movimiento acá y tornado de aire, hasta llenar todo el Coliseo con brisa
raramente salada. De nuevo, el iluminado, erigió otra columna de roca esta vez
en el centro del cercado, se puso de espaldas a esta y extendiendo los brazos
rápidamente, dos fulgurantes llamaradas hicieron de marco triunfal para que el
Señor del Fuego Sehzuk hiciera su entrada al espectáculo. Los clarinetes se
acallaron y los estallidos de pólvora de nuevo recorrieron el perímetro de la
arena. Sehzuk no se molestó en ocultar su condición de supremo dirigente, se
presentó con una frondosa y espectacular túnica, bordada en hilo dorado y
adornada con ilustraciones milenarias. El artista se esfumo en instante de
oscuridad que se lo permitió, dejando a todos asombrados y ante Sehzuk, que en
lo más alto de la columna de roca, inicio su discurso mientras que sus manos se
movían al uní solo con sus labios.
– ¡Bienvenidos a Todos a esta versión del Gran torneo de Maestros! –Estallidos de
pólvora llenaron de nuevo los ojos de los espectadores, Sehzuk levanto los
brazos y continúo–: Los mayores maestros de todas las naciones están presentes
y esperando, durante largo tiempo estos fueron seleccionados tras duras
competencias. Los mejores, solo los mejores antes sus ojos y los del mundo.
¡Bienvenidos Sean! La Nación del Fuego tiene sus puertas abiertas para ustedes
y el mundo, las puertas abiertas para la esperada reencarnación del Avatar.
Los estruendosos aplausos confundieron los
estallidos de pólvora que finalizaron el discurso de Sehzuk. Khai no se cansaba
de aplaudir desde su asiento, tan sorprendida como los demás, llego a pensar que
realmente había tenido ante sus ojos al Avatar. Esperaba ansiosa que iniciaran
las batallas, pero estaba destinada a seguir esperando: el espectáculo aun no
finalizaba.
Un golpe seco, seguido de tres más, reclamó la
atención sobre el escenario. Sehzuk ya había desaparecido de escena,
glorificado por el mismo y dando paso al acto final del desparpajante
espectáculo. Las placas inmensas de hierro que, solitarias, se erguían sobre la
arena, fueron asaltadas desde el mismo sitio de donde habían sido lanzadas, por otros cuatro artistas, los cuales se
organizaron cada uno tras cada placa del gris metal. El crujir de hierro y el
golpe que el primer artista le propino, dio forma al símbolo de la Nación del Fuego.
Inmediatamente después, el segundo artista dio un paso adelante, dio un golpe y
formo el símbolo del Reino Tierra, acto que solo la mitad del coliseo notaba
puesto que la otra mitad veía tan solo la abollada superficie del hierro,
enseguida, otro paso adelante y el símbolo de las tribus agua. La muestra de
metal control era deslumbrante. Khai de una manera sobre humana presto más
atención a la arena del coliseo cuando vio el símbolo de los Nómadas aire sobre
el hierro de la última placa. De pronto,
oscuridad total y cuando las luces abrieron, estallidos de pólvora y…. <<
¡Garkha!>>.
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