miércoles, 6 de febrero de 2013

[Capitulo 1] El inicio del torneo de maestros

Capitulo 1
El inicio del torneo de maestros 

Por: Dr Contex


Aun con los parpados cerrados las visiones continuaban.

Los extraños sueños de Khai empezaban a tomar cada día más fuerza; traspasando sus noches y obligándola a permanecer más tiempo en el misterioso mundo de su subconsciente.

El automóvil en el que viajaba se movía apresuradamente entre las calles de la Nación del Fuego, acercándola rápidamente al recién inaugurado Coliseo de maestros. Khai, en el asiento trasero, terminaba de acomodar su ropa mientras que el conductor empezaba y finalizaba conversaciones que ella rechazaba; en ese momento lo único que quería era estar dentro del coliseo y no perderse un solo momento del espectáculo inicial ni mucho menos, las batallas de apertura del torneo.

Esa mañana pensó despertar temprano, tomar el primer tranvía y ser la primera en llegar al coliseo. Pero no pudo, por más que lo quiso ni por más que lucho por ello.  Al parecer, su estancia en la Nación del Fuego aumentaba la fuerza y frecuencia de las visiones que, entre aullidos de lobos, suspiros eternos  y agua control provocada por sombríos hombres, se apoderaban de sus noches, obligándola a continuar dormida, aun a costa del preciado tiempo necesario, el que tanto le faltaba ahora.   

Los primeros estruendos de pólvora llenaron el despejado cielo de la Nación del Fuego. Los salientes gritos de euforia del coliseo no se hicieron esperar: el torneo iniciaba y Khai apenas podía divisar las altísimas columnas del coliseo que apuntaban al cielo simbolizando a cada uno de los anteriores avatares que, en su momento, habían devuelto la tranquilidad al mundo; cada legendario nombre tallado en las imponentes columnas. Pero poco o nada le importaba esa significación a Khai, estaba muy retrasada y eso era lo único que importaba, el torneo, Garkha… Garkha. Khai miró por la ventanilla, calculó la lejanía del coliseo, la rapidez del auto, el tiempo que ahora le sobraba a su reloj y se angustio aún más.

­– ¡¿Señor no puede ir más rápido?!  –Entre grito, ruego y reclamo le pregunto la retrasada chica al conductor.

Khai no recibió respuesta alguna. Con el mal gesto que divisó a través del espejo retrovisor, sintió cada palabra de vuelta en su rostro. Iracundo, el conductor se silenció y Khai no se atrevió a preguntar absolutamente nada hasta que la modernísima arquitectura del coliseo ocupo la mitad de su cielo y el auto con sus puertas abiertas le permitió salir corriendo hasta las taquillas. Se apresuró aún más al bajar del auto. Cientos de personas se agolpaban a la entrada, exigiendo algo ahora imposible: entrar al espectáculo. El torneo de maestros, desde su creación con el fin de hallar entre los participantes a la esperada reencarnación de la avatar Korra, se convirtió en el espectáculo más popular de todas las naciones, la mayor muestra de los elementos control reunida en el más grande torneo conocido: El torneo maestros, que en ese año se realizaría en la Nación del Fuego. La venta de boletas no había sido más que un suspiro.

La multitud indecisa e indignada contrastaba con la gran euforia vivida por los afortunados asistentes a la inauguración del maravillosísimo torneo. Ciertamente a Khai, al igual que a los cientos de hombres y mujeres que le estorbaban la entrada al coliseo,  le hubiese resultado imposible acceder a una de las preciadas entradas de no ser por Garkha, que como participante le correspondían algunas entradas, una de las cuales reposaba tranquila en el interior de su bolso. Khai atravesó ágilmente la multitud, forzando y empujando en los momentos que fue necesario. Llego hasta las rejas que separaba a la multitud de las taquillas y aseguraba la eficaz entrada y salida de los afortunados con boletas. Se acercó a uno de los guardias, el cual hizo oídos sordos a lo que ella decía y se limitó a hacer una petición general de cordura. Khai no supo que hacer, ella no era más que una gota de agua en ese tsunami de personas, muchas de las cuales intentaban convencer a los guardias con argumentos semejantes al que ella pensaba plantear. Empezó a ser víctima de empujones y de su propia desesperación cuando, repentinamente, la multitud  energizo sus reclamos al rememorar el secreto a voces de que la mayor parte de las boletas del torneo le fue, anticipadamente, otorgada a personalidades influyentes de las cuatro naciones, dejando al descubierto, cada vez más, que la corrupción empezaba a tomarse el comité organizador del torneo de maestros.

Un grito más, entre los tantos que enloquecían los oídos, puso en mayor alerta a los guardias. Khai lanzo miradas en múltiples direcciones, queriendo comprender mejor el tan irreconocible ambiente que la rodeaba, absolutamente diferente a su lejana aldea en el polo norte. Un frió glacial le recorrió la espalda, semejante a cualquier mañana en su lejano hogar, pero igual de extraño al frió que precedía a sus visiones nocturnas. Nerviosa quiso constatar, si esa realidad tan cierta y la resentida multitud, no era más que un sueño. Tras algunos segundos supo, inequívocamente, que no estaba dormida.

– ¡HACIA ALLA! ¡ARRIVA! ¡ARRIVA!

Khai, tras identificar que quien había hecho tal grito era el mismo guardia que ahora estaba tirado en el suelo, vio claramente al par de sujetos causantes de todo el alboroto. Su respiración y sus latidos se pusieron muy lentos, al punto de escuchar cada uno lenta y claramente; la multitud se tornó igual a cualquier de los tantos icebergs en los que, de niña,  solía jugar con Garkha; todos estaban inmóviles, incluida ella. Los dos sujetos que habían alarmado a los guardias, igual de inmóviles a todos los demás, pasaban junto a las primeras columnas que conformaban la modernísima arquitectura del coliseo. Pero, esos no eran dos sujetos comunes ni hacían parte de la agolpada multitud; sus amplios sombreros de paja, delgados y de anchísima ala que les ocultaba el rostro, y, sus maltratadas y rasgadas túnicas semejantes a harapos, hicieron que Khai fácilmente los reconociera como pertenecientes a sus visiones. Ellos eran quienes, en sus sueños,  con agua control detenían a los lobos que nunca podían acabar de guiarla al lugar que deseaban.

<< ¡SIGANLOS!>> Otro grito le renovó las fuerzas al mundo para continuar en movimiento. La respiración y latidos de Khai abruptamente tomaron su ritmo natural y el frio glacial que se había apoderado de ella se esfumo junto con el par de sujetos que, efectivamente se dirigían al interior del coliseo. La mitad de los guardias abandonaron sus lugares correspondientes frente a la multitud y corrieron al interior del coliseo, intentando alcanzarles por los pasillos que utilizaba el público para entrar al coliseo; por la altura de las columnas les era imposible seguirlos entre las mismas.

A los pocos guardias restantes, se les hizo aún más difícil contener a la multitud,  y  Khai cada vez se retrasaba aún más, así que decidió traer a su mente palabras de su maestro de agua control: <<no retirarle los ojos de encima a tu adversario y aprovechar cualquier descuido para neutralizarle>> y tal cual, Khai decidió corresponder al sabio consejo. Miró al guardia más próximo y en cuanto este se retiró algunos metros para alejar a un hombre que se mostraba más violento de lo conveniente, Khai se apoyó fuertemente en la baranda que tenía en frente y trepándola apresuradamente logró sobrepasarla. En cuanto estuvo del otro lado de la opresora reja, corrió hacia la entrada más cercana, improvisando sigilo. Pero al estar llegando, ya creyendo conseguida su hazaña, un fuerte brazo la sujetó: uno de los guardias nunca la había perdido de vista.

– ¡Lo siento pero tiene que salir!

– ¡No, espere…!

– ¡Tiene que salir!

Khai apoyo sus pies fijamente en el suelo, ganando así algo más de fuerza,  y de un tirón se pudo desprender del guardia. Inmediatamente puso sus manos abiertas como barrera entre ella y el moreno hombre de uniforme.  

– ¡Espere, por favor! Tengo un boleto

–A ver…

El guardia miró a Khai con total desconfianza mientras que ella encontró y saco de su bolso el boleto naranja, que indicaba el sector que le correspondía y su número de asiento. El uniformado hombre no tuvo ninguna otra excusa para no dejarla pasar, así que,  indicándole los tres pasillos que tenía que tomar,  le permitió, algo mal humorado, que fuera a disfrutar de lo que quedaba del espectáculo inicial y de las primeras batallas del torneo.

Cuando ya estuvo en su asiento y se aseguró que aún no se había librado ninguna batalla, a excepción de un número dentro del espectáculo que consistía en una batalla con espadas, Khai pudo empezar a disfrutar lo que a tantos otros se les negó. Al instante quedo absorta por el espectáculo: un desenfreno total era formado por tierra, agua y fuego control; enormes llamaradas y chispas que al mínimo contacto causaban severas explosión, gigantescas rocas que chocaban de un lugar a otro haciendo estremecer todo el lugar y tornados de agua moviéndose por toda la arena del coliseo. Era fascinante como todo ese choque entre los elementos era supremamente bien contenido dentro de la arena del coliseo. Ni una sola gota de agua o partícula de roca se salía del escenario. No se percibía ninguna coreografía, tan solo se limitaban los elementos a representar magníficamente un desastre. De repente, los cuatro tornados de agua que recorrían la arena del coliseo se detuvieron,  y enseguida se desplomaron, hasta dejar inundada toda la arena, mientras las rocas chocantes, las chispas explosivas y las llamaradas continuaban con su ajetreo desenfrenado. El agua, de nuevo, recobro movimiento, acumulándose en el centro de la arena, al juntarse toda, lentamente comenzó a elevarse y a tomar una forma semi humana. Khai pudo distinguir los brazos y la cabeza, de lo que lentamente se fue transformando en la legendaria figura de la anterior avatar: la avatar Korra, quien representada por el tumulto de agua, elevo los brazos y entonces, con un leve movimiento de brazos, las rocas dejaron de volar de un lado a otro, las chispas desaparecieron y el fuego se extinguió. La avatar Korra había devuelto el orden de nuevo; y finalizando el acto, el agua se filtró toda entre la arena del coliseo, que nuevamente quedaba en absoluta paz y armonizada con los deslumbrados aplausos.


Un estrepitoso redoble de tambores les robo el asombro a los espectadores llenándolos de incertidumbre. Khai puso toda su atención a la arena del coliseo. Sin previo aviso todo se oscureció casi por completo, y Khai se intrigo aún más; iba contra su naturaleza no hacerlo. Por un largo rato olvido todo lo demás: las visiones, los sombríos sujetos y sus sombreros de ala ancha,  la multitud afuera y el obeso hombre que, a tres asientos de distancia, no paraba de mirarla de arriba abajo.  El redoble de tambores termino y la mitad de los espectadores respiro de nuevo, mientras que los tambores, que hasta el momento nadie había visto, fueron tocados golpe tras golpe, muy lentamente. El silencio fue total tras una docena mal contada de golpes sobre la superficie de los tambores y el aire se llenó de electricidad  con los primeros movimientos de seis artistas, que con el dominio magistral del fuego control, crearon y deslumbraron con una complicadísima coreografía poderosos rayos que iluminaron el interior del coliseo. Las cargas eléctricas iban de un artista a otro, para los maestros fuego que estaban presentes, el acto era extremadamente arriesgado y para todos los demás, extremadamente asombroso.

El espectáculo continuo con otro acto no menos deleitante que el anterior: toda la arena del coliseo cubierta por figuras de hielo que, cristalinas y perfectas, se avivaban de colores gracias a los reflectores que les iluminaban desde múltiples direcciones.

Ninguno de los espectadores perdían un solo detalle del espectáculo, los mismos participantes del tornero seguían cada acto desde los camerinos. Pero, nadie disfrutaba de la manera como lo hacían las tres personas, seguramente  más importantes entre los presentes, que seguían el colorido acto desde el mejor palco del coliseo; un ministro del Reino Tierra, el patriarca de la tribu agua del norte y en representación de las múltiples aldeas del polo sur, y el sereno Señor del fuego Sehzuk como anfitrión. Dos copas burbujeaban en los asientos del ministro del Reino Tierra y el anfitrión Señor del Fuego, mientras que el patriarca disfrutaba de un vaso de agua y veía como inicia el mejor acto de todo el espectáculo.

La luz emitida desde los reflectores se decoloro hasta ser completamente blanca y cumplir con un solo cometido: iluminar la silueta de un misterioso hombre que tomaba el centro de la impecable arena del coliseo, ya excepta de hielo y de nuevo en paz.

–Tendrán que disculparme señores. –Dijo Sehzuk levantándose de su adornado asiento, su tiempo como espectador se había terminado y ahora tenía que tomar su papel en el escenario. Salió por entre las cortinas que adornaban el privilegiado palco, pasando al lado del tradicional asiento vacío que representaba a los ausentes nómadas aire. Los acompañantes del Señor del Fuego ni se inmutaron con la salida de su anfitrión pues sabían de antemano que eso sucedería.

EL sutil cantar de  clarinetes armonizo el coliseo, perezosamente aburriendo a los presentes y casi obligándolos a dirigir su atención al hombre que se tomaba el centro del escenario, el cual no hacia mayor cosa. Khai recupero de nuevo el control de sí misma, la pobreza que hasta ahora reflejaba el acto se lo permitió. Miró a lado a lado y entonces, no supo cómo, el obeso hombre continuaba mirándola, lascivamente, recorriendo todo su cuerpo con la obscena mirada. Khai se llenó de asco, jamás le había ocurrido nada semejante. Recompuso la mirada hacia el escenario pero aun nada era digno de prestarle atención, aun así mantuvo la mirada hacia el frente. La segura sospecha de que, a la distancia de los mismos tres asientos, esa obscena mirada no dejaba de recorrerla, la intranquilizaba. Quiso voltear e insultarlo, decirlo lo asqueroso que es y pedirle que se lanzara de un puente, pero ella no era así, nunca antes había insultado a nadie y la verdad ignoraba como hacerlo. De nuevo miró al obeso hombre, no pudo evitar hacerlo. Descaradamente este aun no paraba de desnudarla con la mirada y entonces, ella lo odio, lo miro con detenimiento, giro la muñeca dejando la palma de su mano hacia arriba y como acariciando el aire, rápidamente, expandió su brazo estrellando en la cara del lascivo hombre el contenido burbujeante de un vaso, que para su desfortuna se encontraba cerca. Khai de nuevo miro al escenario, segura de que, si en unos momentos ella se daba cuenta de que el hombre, que ahora odiaba, la seguía mirando, ella no dudaría en echarle de nuevo encima otro vaso de refresco o el mismo que goteaba en el suelo.


Felizmente,  se olvidó del asqueroso hombre, de su mirada, del refresco que le había lanzado encima y de todo lo demás cuando, en el perímetro de la arena, inicio el estallido de fuegos artificiales; rojo, azul, amarillo, verde, rojo, azul, amarillo, verde, y de nuevo y de nuevo. Varias rondas de estallidos coloridos, uno tras otro. Y el sujeto, igual de inmóvil e iluminado. Lentamente los estallidos cesaron y los clarinetes tocaron de nuevo, Khai no supo deducir en que momento exacto estos se habían acallado.

 Sin previo aviso, el hombre que hasta ahora no ameritaba pertenecer al espectáculo, inicio movimientos que para Khai eran muy conocidos. Una gran parte de los crédulos asistentes dedujeron que el siguiente acto constaba de agua control, <<Mucha agua para ser la Nación del Fuego>> rieron algunos. 

El iluminado hizo algunos movimientos y entonces con uno más rápido que el anterior, de las canales llenas de agua que recorrían toda la arena, hizo salir tanta agua como fue posible. Pero, cuando todos esperaron tornados y figuras de hielo, el iluminado hombre hizo que el agua se juntara toda y como un tren de vapor, ferozmente el agua recorrio toda la arena, de un lado a otro sin perder una sola gota. De repente el agua se detuvo y el iluminado hombre expandió los brazos y el agua se difundió por la arena, dejándola con hielo por doquier. El iluminado se liberó del hielo que le había quedado a su alrededor, delimitando un perímetro suficiente para que, haciendo algunos movimientos fuertes, un golpe contra el aire que daría al suelo si su brazo fuera más largo, el mismo movimiento pero con el brazo contrario, el pie izquierdo raspando el suelo, un movimiento brusco y… <<  ¡Qué demonios!, ¡Cómo es posible!, simultáneamente los comentarios crédulos nacían de los espectadores al ver como del suelo surgían, una tras otra, columnas de roca, ¡El solo!, No es posible. ¿Acaso no lo viste?, estaba solo, ¡Solo! ¡SOLO!. Por todos los cielos, ¿El avatar…? >> El iluminado y ahora, supuesto avatar, con más movimientos, igual de firmes que antes, desplazo sin mayor esfuerzo las columnas de roca hasta que el público no pudo más de  << ¡Imposible!>> y él había formado un cerco deforme.  Los clarinetes continuaron de fondo, las luces igual de cómplices, y, desde el privilegiado palco, atentos, el ministro y el Patriarca que no perdían movimiento del  hombre misterioso, iluminado y, ahora, supuesto avatar que, ahora,  continuaba con movimientos legendariamente casi olvidados.

–y… ¿Usted lo cree posible? –Indago el Patriarca, lleno de canas y casi anciano, sin desviar la mirada del escenario.

–Se refiere a….

–Precisamente.

– Francamente, no.

–Ojala que los del torneo sean iguales de preparados a estos artistas.

– ¿Francamente?, demasiado artista.

La mente del ministro estaba copada de asuntos de mayor importancia que pensar en un artista, los tiempos que transcurrían en el reino de verde bandera no permitían frivolidades como su presencia en la inauguración del torneo.  Estaba seguro que era de mayor utilidad en el Reino Tierra y aunque hizo lo posible para evitar asistir, su condición le obligaba a obedecer órdenes.

En cuanto el ministro parpadeo un poco y decidió que ya estando ahí lo menos que podía hacer era disfrutar del espectáculo, miró al escenario, el artista se envolvía de corrientes de aire y los << ¡Imposible!, ¿Qué no lo estás viendo?>> empezaron de nuevo. Un movimiento acá y tornado de aire, hasta llenar todo el Coliseo con brisa raramente salada. De nuevo, el iluminado, erigió otra columna de roca esta vez en el centro del cercado, se puso de espaldas a esta y extendiendo los brazos rápidamente, dos fulgurantes llamaradas hicieron de marco triunfal para que el Señor del Fuego Sehzuk hiciera su entrada al espectáculo. Los clarinetes se acallaron y los estallidos de pólvora de nuevo recorrieron el perímetro de la arena. Sehzuk no se molestó en ocultar su condición de supremo dirigente, se presentó con una frondosa y espectacular túnica, bordada en hilo dorado y adornada con ilustraciones milenarias. El artista se esfumo en instante de oscuridad que se lo permitió, dejando a todos asombrados y ante Sehzuk, que en lo más alto de la columna de roca, inicio su discurso mientras que sus manos se movían al uní solo con sus labios. 

– ¡Bienvenidos a Todos a esta versión del  Gran torneo de Maestros! –Estallidos de pólvora llenaron de nuevo los ojos de los espectadores, Sehzuk levanto los brazos y continúo–: Los mayores maestros de todas las naciones están presentes y esperando, durante largo tiempo estos fueron seleccionados tras duras competencias. Los mejores, solo los mejores antes sus ojos y los del mundo. ¡Bienvenidos Sean! La Nación del Fuego tiene sus puertas abiertas para ustedes y el mundo, las puertas abiertas para la esperada reencarnación del Avatar.

Los estruendosos aplausos confundieron los estallidos de pólvora que finalizaron el discurso de Sehzuk. Khai no se cansaba de aplaudir desde su asiento, tan sorprendida como los demás, llego a pensar que realmente había tenido ante sus ojos al Avatar. Esperaba ansiosa que iniciaran las batallas, pero estaba destinada a seguir esperando: el espectáculo aun no finalizaba.

Un golpe seco, seguido de tres más, reclamó la atención sobre el escenario. Sehzuk ya había desaparecido de escena, glorificado por el mismo y dando paso al acto final del desparpajante espectáculo. Las placas inmensas de hierro que, solitarias, se erguían sobre la arena, fueron asaltadas desde el mismo sitio de donde habían sido lanzadas,  por otros cuatro artistas, los cuales se organizaron cada uno tras cada placa del gris metal. El crujir de hierro y el golpe que el primer artista le propino, dio forma al símbolo de la Nación del Fuego. Inmediatamente después, el segundo artista dio un paso adelante, dio un golpe y formo el símbolo del Reino Tierra, acto que solo la mitad del coliseo notaba puesto que la otra mitad veía tan solo la abollada superficie del hierro, enseguida, otro paso adelante y el símbolo de las tribus agua. La muestra de metal control era deslumbrante. Khai de una manera sobre humana presto más atención a la arena del coliseo cuando vio el símbolo de los Nómadas aire sobre el hierro de la última placa.  De pronto, oscuridad total y cuando las luces abrieron, estallidos de pólvora y…. << ¡Garkha!>>. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario