Capitulo 2
División Social.
Por: Cepí Dinatale.
El peliazul acababa de llegar en el último de los barcos a vapor que hacían el recorrido desde la Ciudad de los Mares del Norte hacia el reino fuego, él había decidido con orgullo tomar aquel último, a pesar de que como la gran parte de los combatientes, debía haber llegado hace al menos unos siete días, pero no había nada que le degustara más que estar parado en el Reino Fuego, aquella era una herencia de sus padres, puesto que según le contaron desde pequeños su tatarabuelo había quedado huérfano producto de la guerra que tenía a todos los reinos siendo victimas del Reino fuego.
Al llegar a puerto el peliazul se sintió en una encrucijada, puesto de que era la última oportunidad de tener cerca de él al mar, decidió morderse el labio, necesitaba demostrar que podía ser contado entre los mejores guerreros. Además esperaba con ansias que los campeones del torneo se encontraran entre los maestros aguas… a pesar de que se esperara encontrar al avatar y se sabía que él estaba destinado a ser del reino tierra.
Colocó su pie sobre la madera del muelle y sintió su silencioso crujir al ser sumado su peso.
Ya estas en esto, no puedes retroceder. Se dijo en su interior para darse fuerzas, a pesar de ser frívolo el reino fuego hacía que en él convergieran tres sentimientos y emociones, miedo, admiración y deseo de venganza. Todos los cuales intentaban colocarse con mayor fuerza sobre los demás, solía ganar en aquella guerra interna el deseo de venganza, pero ahora que estaba aquí mismo, en el reino de su enemigo, el miedo ganaba terreno.
- ¿vas a bajar?- le preguntó el pasajero que iba detrás de él cansado de esperar y deseando llegar rápido al torneo para no perderse lo que se contaba era: “El mejor de los espectáculos de los que se haya tenido conocimiento en el pasado”.
- Claro- contestó el joven de manera agresiva, aquel sería el momento más importante de su vida, la primera vez fuera de la Ciudad de los Mares del Norte… dio el paso y camino, una vez totalmente en el reino fuego su orgullo volvió a recobrar terreno.
Algún día te haré caer, pensó mirando la enorme torre que señalaba el poder del Reino Fuego, y cuando lo haga desearas no haber asesinado a mis ancestros… Comenzó a caminar por la calzada principal, la misma que en aquellos momentos se encontraba plagada de forasteros que se dirigían al ya famoso coliseo.
De pronto una joven le chocó, él se giró con fuerza mientras oía los lamentos de la muchacha, era una joven de bonito cuerpo, bonitos ojos, bonitos cabellos rizados, pero su belleza a los ojos del joven llegaba hasta ese punto… en su jockey llevaba la insignia del reino fuego, ella era uno de sus tantos enemigos.
- Lo lamento- decía ella –Mi nombre es Arath, te juro que no era mi intención.
- No te lamentes tanto… Aquello me irrita- dijo el muchacho dándole la espalda y continuando con su camino. Se notaba que no tenía conocimientos de como tratar a una mujer, si los hubiera tenido hubiera sabido que aquella actitud a muchas mujeres las provoca
- Al menos dime como te llamas- suplicó la muchacha sin dejar perder el rastro.
- Moro- dijo el muchacho, tras aquello la muchacha de nombre Arath lo perdió en el mar de personas. Mientras pensaba si algún día volvería a verle.
Más tarde el joven Moro se encontraba mucho más cerca del gran Coliseo en que se desarrollaría el torneo de los maestros. Se alegró profundamente de poder ser participe de todo aquello, por ello se acercó con la frente en alto a la construcción, dentro del enorme mar de peregrinos que se dirigían hacía el mismo lugar. Luego de encontrarse aun más cerca pudo ver como había un sector de la ciudad cerrado para que se desplazara la gente a mares y empujones hasta la maravilla arquitectónica y como había otro sector de la ciudad cercado para peatones por el cual se podían movilizar los vehículos con rapidez…
Aunque claro, viendo que más del 80% de los asistentes venían del exterior, poco sentido tenía que muchos de ellos tuvieran el dinero suficiente como para costear los caros pasajes, las entradas y además traer con ellos sus vehículos. Pensar que los asistentes del extranjero tendrían aquellos privilegios con ellos, era pensar de una manera ridícula, y por lo mismo el anfitrión con su ya reconocida estrategia comercial había dado forma a todo ese mar de personas, a toda esa división de clases que se notaba con aquella separación entre vehículos y el resto de la sociedad.
Fue en aquel momento que el joven vio pasar un vehículo con rapidez al otro lado de la valla, y mirando hacía el coliseo y la distancia que aun le quedaba por recorrer, y que parecía ir en aumento debido al poco avance que se podía obtener en aquella condiciones, decidió tomar el camino rápido.
Se dirigió hacía la valla con dificultad y a empujones, para luego saltarla sin ser visto, recorrió el resto del camino corriendo, ocultó entre las sombras y siguiendo la ruta de los privilegiados, hasta que de pronto sintió una mano agarrarle el hombro, se giró asustado esperando lo peor y se encontró con la muchacha de hace un rato, que le sonreía con una hermosura increíble.
- ¿Qué haces aquí?- le preguntó la muchacha.
- Lo mismo te preguntaría yo- dijo él, la joven rió con ternura.
- Yo vivo aquí, tomé el camino a casa- dijo la muchacha.
- Ok…- dijo Moro comenzando a hacer chasquidos intentando recordar el nombre de la joven.
- Arath, así me llamo y no lo olvides Moro- dijo ella con molestia, siempre le dolía que no recordaran como se llamaba.
- Ok Arath, debo irme, un gusto haber hablado contigo pero tengo que llegar hasta el coliseo-
- Vamos ¿No me vas a dejar aquí plantada sin saber nada de ti?- al joven le fue imposible no poner su cara de molestia, se había comenzado a irritar.
- Soy uno de los competidores y no me quiero tardar- dijo él de manera cortante.
- Bueno vete- dijo Arath con pesadez – Ven a visitarme un día, siempre hay comida para uno más en mi casa.
Antes de que terminara Moro ya se encontraba a varios metros de distancia continuando con su carrera, deseaba llegar tarde para el show, pero no tarde para el comienzo de las batallas. Al acabar el recorrido se encontró ante el enorme mar de gente que se expandía al rededor de las múltiples entradas de la construcción, todos se empujaban de manera desenfrenada, aunque algo le había hecho sonreír, al menos los privilegiados debían pasar por aquel mar para poder ingresar.
Desde su posición se podían oír los gritos de los espectadores del espectáculo, al cual por lo cual comprendió que estaba a tiempo para las batallas. Ya de este modo se había ahorrado la parte aburrida de la competencia, él deseaba ir a combatir, derrotar a maestros fuegos y lograr ostentarse entre los dos mejores combatientes, el hecho de ver o no el espectáculo, no cambiaría nada.
Al encontrarse cerca de la colosal estructura, notó que los guardias del reino fuego habían colocado una valla perimetral, tratándose de una larga reja que impediría que los que desearan entrar sin entrada, pudieran lograr su cometido. Al parecer los habitantes del reino fuego tenían vallas perimetrales de sobra, aunque al pensar en lo fácil que debía ser para ellos trabajar el metal con sus habilidades piromanas.
Al llegar al sector determinado como entrada para los competidores, un guardia del reino fuego que registraba a los participantes se le acercó y pidió su identificación. Moro revisó sus ropas, mientras buscaba aquel cartón que lo denotaría como participe del torneo... Pero al no encontrarlo
-Por favor, no nos hagas perder el tiempo muchacho- dijo el guardia con enfado por la demora del peliazul
Un enfado que no tardó en llegar al maestro de la tribu del agua.
- Cuida tu lengua- advirtió, no por que estuviera en sus modales hacerlo, si no por que realmente encontraba una perdida de tiempo luchar contra el hombre, pero el soldado no hizo otra cosa que empujarle con fuerza, haciendo que el joven cayera al piso, donde su cabeza chocó con las rodillas de algún hombre o mujer que se encontrará en la zona.
En ese momento el enfado del joven se desató, destapando su botella de corcho y permitiendo que un chorro de agua saliera y tomará la forma de una sarten y golpeará en la cabeza al hombre
El hombre perteneciente al reino del fuego solo sintió el fuerte golpe en la cabeza antes de que cayera inconsciente al piso, inmediatamente comenzaron los empujones y la gente entrando a tropezones, golpeándose sin discriminar entre niños, mujeres, y hombres, los guardias al intentar socorrer aquel sector descuidaron los suyos y durante algunos minutos (lo que se tardó en que llegaran refuerzos)mucha gente logró infiltrarse al Coliseo.
Moro pasó desapercibido en aquella inmensa ola de gente, mientras pensaba en lo muchos que le gustaban las olas de su tribu, al volver surfearia.
Una vez dentro, se acercó a la baranda que separaba las galerías de la inmensa arena en cuyo centro estaba el coliseo, desde allí pudo ver a la persona y sus múltiples controles sobre los elementos, notó como la gente soltaba suspiros de asombro. Él en cambio se reía, era tan patético, movió las manos y desvió levemente el agua, sintiendo como varios maestros agua hacían todo lo posible por volverlo a la normalidad, mientras el joven guerrero de la tribu agua se reía por todo aquello que hacían para reponer el agua, y no arruinar el show.
Finalmente vino la llegada del anfitrión.
Ridículo, pensó el muchacho, girándose para caminar hacía los camerinos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario